Volver…

Paradójico. Mi última entrada, allá por octubre de 2014 (cómo hemos cambiado), llevaba por título “El tiempo todo lo cura”.

¿Alguien ha vuelto a acordarse del ébola? ¿De Teresa? ¿De África? Teresa seguro que agradece el olvido. El ébola, por suerte, se está olvidando a sí mismo.

Valga esta pequeña introducción para dar paso a lo que vendrá en los próximos días.

Hoy retomo este blog parado en el tiempo, a la espera de cura.

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El tiempo todo lo cura

Si me lo pides, desde hoy olvidaré tu nombre y tu historial médico. Así como la clase política, la sociedad internacional y la mayoría de los medios de comunicación obvian día día el nombre y el historial médico de todos los que mueren y se infectan en África. Sí, esos medios que presumen de hablar de lo mal que lo pasarás cuando salgas del hospital. Acoso, estigmatización, falta de intimidad. Esa intimidad que tú pediste y que, siento decirte, no se ha respetado. Porque necesitábamos tener un nombre y una historia para saber que la amenaza se había convertido en algo real.

Sin embargo, el innecesario campo base montado bajo tu ventana se me antoja excesivo. Día a día. Segundo a segundo. Desde lo más importante: tus pruebas para verificar la carga viral en tu cuerpo; hasta nimiedades como que tu sangre llegaba al laboratorio o que bromeabas con comer pronto embutidos. Me temo que con ello consiguieron convertirte en cabeza de cartel hasta producir un cierto hartazgo informativo.

En todo momento con la más estricta seguridad de que se respetaba la intimidad de la paciente. Menos mal, porque sino hubieran faltado puertas para evitar una avalancha hasta tu habitación. Un nuevo “Gran Hermano”, el ojo que todo lo ve. Tus fotos, tu madre, tu perro, parte de tu vida personal se han dado a conocer como elementos indispensables de este nuevo capítulo de lo importante es el aquí y el ahora contado muchas veces sin profundidad y sin aportar información útil. Nunca aprenderemos a dejar el amarillismo que, incluso en ocasiones, roza el rosa.

Ahora que por fin has superado la enfermedad, toma este micro-cuento (no es mío) como consejo para lo que vendrá: “El tiempo. Todo. Locura”.

La memoria informativa es bastante limitada. Pasará.

Aunque yo hoy olvide tu nombre, siempre tendré que recordarte un poquito por lo que has conseguido. Felicidades. Bravo por el equipo médico. Más que hasta nunca (que suena feo), hasta siempre Teresa Romero.

PD. Cómo diría el gran Forges, “pero no te olvides“… de África. No sólo porque aún queda mucho por hacer con el ébola y su erradicación; sino también, con la estigmatización que sufren o puedan sufrir (Son personas, no virus). 

Chascarrillos de bar

¿De qué habla la gente en los bares? Por defecto o afición confesable tiendo a escuchar lo que se habla a mi alrededor. Y, últimamente, hay un sentir general. Vayas donde vayas, siempre habrá alguien hablando de lo mal que está todo, de sus causas, sus consecuencias; y, hasta de posibles soluciones. 

Nosotros, los que menos y más podemos hacer, intentamos arreglar el orden mundial a distancia. Porque no queremos dejar de pensar que hay soluciones. Y que, incluso, se saben. El problema es que siempre hay intereses de por medio y las soluciones de unos son la pérdida de privilegios de otros. ¿Son simples “chascarrillos” de bar? Yo no sé si un bar es el mejor lugar para solucionar el mundo, pero me temo que en ellos se dicen verdades muy ciertas, valga la redundancia.

Que sí, que el ébola llegó desgraciadamente y la alerta se hizo real. ¿Qué quién tiene la culpa? Pero, si ya lo dijimos nosotros, que las cosas no se hacen así, que algo fallaría. Y mientras, los pobrecillos aquellos muriendo por tanta falta de recursos. Si no hacía falta ser muy ‘avispao’ para darse cuenta. Con suerte, esperemos que todos acaben por curarse y que no se produzcan más contagios. A ver si funciona algo bien. ¿Y la ministra? Aquí cualquiera vale para un roto y un descosío. No habrá gente preparada esperando una oportunidad.

Y la corrupción, en aumento. Con el dinero que se mueve ya se podrían mejorar miles de cosas dentro y ahora, más que nunca, fuera. En vez de tanta base para aviones. A nadie se le ocurre malversar dinero y corromperse para ayudar al prójimo; mejor gastarse el dinero en ropa interior, prostitutas y caprichos propios. ¿Y ninguno acaba ‘encerrao’ eh? Anda que si intentamos nosotros algo parecido, ríete tú de que te vas a librar. ¡Que la justicia es igual para todos!
Vaya jaleo hoy con lo del desahucio. Menos mal que al final han conseguido que la pobre señora se quedara en su casa. 80 años y con un hija enferma a su cargo.
Y el mundo lleno de guerras y conflictos
Y las vallas y los inmigrantes…
Y el hambre en el mundo

Nos vemos mañana. Como siempre en el bar.

– Hoy pago yo.
– ¿Black o en efectivo?
– Sin ofender.

Sin embargo, en la orden del día de otros no figuran estas preocupaciones. El prestigio ante todo. Para lo demás, cortinas de humo.

– ¿Black o en efectivo?
– No sabría responder. No me consta.

Microautobiografía del Ébola

He tenido que cruzar fronteras internacionales para que se me hiciera el caso que me corresponde. En realidad, no he tenido más que acercarme a quienes podrían cruzar esas fronteras conmigo. Y ahora que la amenaza de estar por todas partes parece real, todo el mundo me conoce y habla de mí. Ahora.

Dicen que estoy fuera de control y que he infectado ya a 1.711 personas, matando a 932 de ellas. No hacía tanto daño desde que nací en 1976.

Y ahora que menciono mi fecha de nacimiento me viene a la cabeza una pregunta. ¿Si llevo tantos años “asomando la patita”, por qué aparezco hoy en portadas y cabeceras, por qué hoy supongo una amenaza para la seguridad pública? ¿Y es que no existe la seguridad pública en los países africanos?

Aunque admito que pueda que no exista un remedio definitivo, ignoro cuánto se investiga o se invierte para encontrar una solución a los problemas que causo. Tengo la sensación de que no se ha hecho lo suficiente. Alabo a quien trabaja en ello, como alabo a anónimos y voluntarios que llegan hasta los lugares afectados para curar, frenar y prevenir; y también para educar en razón de saber como evitarme.

Me preocupa el hecho de llevar tantos años enfermando a personas y que nadie (aunque más bien los “alguien”) se haya parado a echar un mero vistazo. Y es que, me temo, que sin el apoyo suficiente los esfuerzos de los anteriormente mencionados pueden ser en vano.

La comunidad internacional no sólo debe, sino que puede aislarse de mí; los países africanos afectados necesitan de toda la ayuda posible para hacerlo.

Me llamo Ébola y, esta vez sí, parece que he venido para crear alarma mundial. ¿Juzgan ustedes que hay motivos suficientes para ello? ¿Debería haberse puesto el foco de atención en mí hace mucho tiempo atrás? ¿Cuánto durará esta preocupación por la seguridad pública? ¿Se acordarán de mí cuando todo haya pasado?

Marcas de la “Marca España”

Registrar la libreta del bolso y encontrar esto escrito entre viaje y viaje:

Parece que alguien ha confundido el concepto “Marca España”. España no es en estos momentos una marca; España deja marca. Y no de las que se recuerdan con alegría.

Deja marcas visibles en cientos de inmigrantes que intentan cruzar unas vallas levantadas para separar dos mundos habitados por la misma especie, de igual categoría; pero con la gracia o la desgracia de haber nacido a un lado o al otro.

Deja moratones y heridas o recuerdos de leves empujones a muchos que por alzar la voz hacia quienes nos quieren mudos reciben un injusto castigo por ser considerados radicales y alborotadores.

Está dejando marcas en miles de familias y personas que han de renunciar a una adecuada alimentación, a una correcta sanidad, a una digna vivienda.

Marcada está la educación con la subida de tasas y los continuos cambios en la ley educativa que, o bien impide acceder a los estudios a todos por igual, o, como arrojan los insufribles datos PISA, nos han convertido a todos en ignorantes.

El paro ha arrastrado a miles de jóvenes a buscarse el pan en lugares más allá de nuestras fronteras. Unos y otros llevan una marca, ficticia o real, en sus pasaportes. Una marca que recuerda una “salida sin salida”.

Dar buena imagen exterior pasa primero por poder mirarse al espejo y no ver ninguna huella extraña en uno mismo.

Mientras, las luces siguen apagadas.

Adolfo Suárez: retales de un adiós

Entró con discreción y se fue con discreción. Y dicen, se lleva secretos que nunca desveló.

Estos últimos días se han escuchado declaraciones como “seguir en el consenso está en nuestras manos” o “el mejor homenaje que se le puede hacer es establecer diálogo”. Y es que su fallecimiento ha evocado la unidad y el consenso. Hasta Jordi Pujol declaraba “ser un día positivo” en cuanto significaba para la unión política que se ha producido estos días. Y es que parece que la figura de Adolfo Suárez sólo haya sido tomada en cuenta una vez ha pasado a ser recuerdo. Aún es temprano para ver resultados, pero auguro (y espero equivocarme) que no habrá sido más que palabrería caída en saco roto. Sin embargo, es de agradecer que por un día los astros se hayan alineado y no haya habido discordia. Sólo Artur Mas pareció no enterarse de las reglas del juego.

Hemos podido escuchar o leer declaraciones del tipo “es triste ver a los usurpadores del espíritu de la transición honrar a Suárez” o “los traidores a Suárez se llenan la boca de elogios ante su féretro”. Elogiar en vano para limpiar conciencias o evitar rechazos. ¿Un cínico perdón tardío?

Tardía han sido también las calles, las plazas…los aeropuertos. En mi opinión, a los héroes, siempre que se pueda, hay que honrarles en vida; y no relegarles al olvido para glorificar sus actos cuando su gratitud ya no está en sus manos, sino en la de su familia.

Reconocido y recordado por siempre por el gran papel que ha tenido en la historia de España, se lleva con él el coraje de su decisión: dimitir como presidente cuando se vio enfrentado por el “desencanto social”. Muchos de los de hoy y los de ayer podrían tomar nota de ello para honrar verdaderamente su memoria.

Hoy en los informativos volverá a hacer frío, a pesar de que ha llegado la primavera. Y me temo que hará tanto, que hasta en el Congreso de los Diputados se volverán a congelar el consenso y la voluntad de diálogo.

D.E.P

Marwan recuerda el drama sirio

Entre esta imagen…

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Y esta otra…

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Transcurrió muy poco tiempo.

Ayer Marwan daba la vuelta al mundo. Inundaba redes sociales y medios de comunicación de todos los rincones. ¿Porqué Marwan? ¿Porqué, ayer sí, la sociedad volvía a acordarse de pronto del drama sirio?

La respuesta: una foto. Una foto que, más allá de su autenticidad o no, intenta “comprar” los sentimientos de aquellos que han caído en la sinrazón de que Siria es un conflicto cotidiano más. Y funcionó. Ver a un niño de tan sólo 4 años rompe el alma a cualquiera que la tenga.

¿Hace falta llevar hasta la exageración el sufrimiento para que la sociedad y el mundo reaccionen? La historia parece responder que sí. Si no hay algo fuera de lo común, el resto parece no importar.

Ver a Marwan caminar por el desierto a la espera de llegar a un campo de refugiados es impactante. Ver como lo hacen cientos de mujeres, hombres, niños y ancianos es igual o aún más desolador. Marwan representa el drama en el que viven miles de personas, pero, especialmente, miles de niños que se ven obligados a abandonar un hogar y a aprender la palabra guerra como parte de su vocabulario común.

De nada sirve maldecir a los culpables de esta guerra por traficar con vidas humanas, con la sonrisa de un niño y con la libertad de miles de almas. Y de nada a quienes desde la lejanía no son capaces de acabar con ella porque intereses de toda índole están sobre la mesa.

Hoy miles de “Marwan” siguen vagando por muchos lugares del mundo esperando llegar a algún lugar mejor. A ellos no les queda otra que huir y seguir caminando, solos o en compañía. Nosotros podemos seguir intentando que no caigan en el olvido, que no se sientan abandonados en esa travesía. Y que, aún caminando en grupo, no sientan la soledad de ser olvidados por la gran mayoría. Lo demás, escapa de nuestras manos.

Comparto este interesante artículo de opinión que en pocas palabras deja mucho explicado: Siria, la atroz indiferencia